¿En qué consiste la traducción jurada?

Juan Isidoro Ciruelos Huarte
el 15 de octubre, 2020· 6 min
Tabla de Contenidos

¿Qué es una traducción jurada?

La traducción jurídica, la traducción judicial y la traducción jurada presentan ámbitos de actuación cercanos entre sí, pero no siempre coincidentes, ni en el tipo de documentos que son objeto de traducción, ni en la materia de que tratan, ni en la forma de presentación final de los encargos de traducción.

Tal y como recuerda el profesor Emilio Ortega Arjonilla en la obra Ensayos sobre traducción jurídica e institucional (Comares: 2012, p. 32), la traducción jurada, también denominada oficial o pública en algunos países hispanohablantes, “es poco más que una forma de presentación de traducciones”. Hecha esta constatación, procede a definir la traducción jurada como la modalidad de traducción que implica la identificación del traductor (autorizado a tal efecto por la Administración con un código de identificación), la inclusión del documento original en la traducción, y la aplicación de unas normas específicas de realización. Estas particularidades confieren a la traducción jurada un determinado valor oficial y legal, motivo por el cual la traducción jurada es oportuna, necesaria y exigida en numerosos procedimientos y trámites.

Conviene destacar que el ámbito de actuación de la traducción jurada es mucho más amplio que el de la traducción jurídica, pues mientras que la traducción jurídica se encarga de los textos y documentos de naturaleza jurídica -valga la redundancia- o jurídico-económica (según los casos), la traducción jurada puede aplicarse a distintos tipos de documentos, no necesariamente jurídicos: administrativos, académicos, híbridos (médicos, informáticos...), etc. Por tanto, aunque todas las traducciones juradas tienen un determinado valor oficial y legal, no todas se realizan en el ámbito judicial. En cualquier caso, a consecuencia de dicho determinado valor oficial y legal, las traducciones e interpretaciones efectuadas por traductores e intérpretes jurados son eficaces ante las instancias judiciales y administrativas, tal y como recuerda la profesora Carmen Expósito Castro en La traduction juridique et économique (Garnier: 2019, p. 162).

Una traducción jurada tiene una estructura o forma de presentación estandarizada, por lo que ha de reunir como mínimo los requisitos formales siguientes:

  1. Encabezamiento e identificación del traductor jurado.

  2. Fórmula de cierre o fedataria, firma y sello del traductor jurado.

  3. Cuerpo del documento traducido.

  4. Copia visada del documento original objeto de traducción.

¿Qué es un traductor jurado?

El título de traductor-intérprete jurado se obtiene aprobando un examen que convoca el Ministerio de Asuntos Exteriores; concretamente, la Oficina de interpretación de lenguas (OIL). Así lo dispone el artículo 9.1 del Reglamento de dicha Oficina, según el cual “Los Traductores Jurados y los Intérpretes Jurados son profesionales a los que el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación ha otorgado sus respectivos títulos tras la superación de los exámenes o, en su caso, la acreditación del cumplimiento de los requisitos que disponga al respecto la normativa vigente en cada momento para la obtención del título mediante el reconocimiento de cualificaciones profesionales, incluidas las disposiciones del Derecho de la Unión Europea”.

No obstante, la obtención de dicho título no otorga a su titular la condición de funcionario público, pues, como precisa el Reglamento de la mencionada Oficina en su artículo 9.2, “el título de Traductor/a-Intérprete Jurado/a no confiere a su titular la condición de funcionario público ni supone el establecimiento de ningún vínculo orgánico ni laboral con la Administración Pública”.

Con todo, pese a que el traductor e intérprete jurado no sea funcionario público, insistimos en que sus traducciones e interpretaciones tienen siempre el mencionado valor oficial y legal y, por tanto, pueden o deben ser aportadas para que surtan los efectos públicos oportunos en el procedimiento en cuestión, tal y como se reconoce en el artículo 17.1 b) de dicho Reglamento.

¿Cuándo hace falta una traducción jurada?

Curiosamente, el Reglamento nos indica los requisitos y los efectos de la traducción jurada, pero no nos indica los casos en que la traducción jurada es necesaria o recomendable.

Como explica el Ministerio de Asuntos Exteriores en su página web, “los documentos públicos extranjeros destinados a que se presenten ante la Administración española” han de cumplir una serie de requisitos formales, entre los cuales se halla que “deben estar traducidos al castellano. Generalmente, en España sólo se considera traducción oficial, y por tanto válida para ser presentada ante cualquier organismo de la Administración española, la realizada por:

  1. Un traductor jurado con nombramiento del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación español.

  2. Una Representación diplomática o consular española en el extranjero.

  3. La Representación diplomática o consular en España del país que ha expedido el documento.”

Sin perjuicio de lo anterior, en “La traduction assermentée en Espagne et en France. Aspects privés et étude comparative” (Revista de Llengua i Dret, 2016, nº 66, pp. 124-135), los profesores María Tanagua Barceló e Iván Delgado Pugés nos recuerdan que los tipos de textos más habituales en la práctica de la traducción jurada en España son cuatro: documentos de estado civil, documentos notariales, documentos económicos y documentos académicos.

  • Documentos de estado civil: se incluyen aquí las partidas de nacimiento, de matrimonio o de defunción, los antecedentes penales, el certificado de soltería o el libro de familia, entre otros,

  • Documentos notariales: se incluyen aquí los testamentos, las donaciones o los poderes, entre otros.

  • Documentos económicos: se incluyen aquí los estatutos y las cuentas anuales de una empresa, los certificados de cotización a la Seguridad Social o los certificados de seguro, entre otros.

  • Documentos académicos: se incluyen aquí los títulos y diplomas, los certificados de concesión de becas o las matrículas, entre otros.

¿Dónde encontrar un traductor jurado?

A la hora de localizar y elegir un traductor jurado, conviene tener en cuenta tres aspectos:

  1. Registro de Traductores e Intérpretes Jurados: de acuerdo con el artículo 13 del Reglamento, los traductores e intérpretes jurados son inscritos de oficio en el Registro de Traductores Jurados e Intérpretes Jurados del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación una vez otorgado el correspondiente título, y se les asigna un número de registro correlativo que es único con independencia de la especialidad o del número de idiomas para los que ha obtenido el título.

  2. Listado de Traductores e Intérpretes Jurados: según el artículo 14 del Reglamento, con carácter periódico y a efectos informativos, la Oficina de Interpretación de Lenguas elabora una lista con los nombres y apellidos de todos los traductores e intérpretes jurados a los que el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación ha otorgado el correspondiente título hasta esa fecha, indicando, asimismo, los idiomas para cuya traducción, interpretación, o ambas, han sido habilitados. Junto a esta información, figuran sus datos de contacto y si están en ejercicio activo, siempre que así lo deseen y lo comuniquen a la Oficina. Dicha lista está a disposición del público en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, y en los correspondientes tablones de anuncios.

  3. Honorarios: de acuerdo con el artículo 16 del Reglamento, los traductores e intérpretes jurados fijan libremente los honorarios que desean percibir por sus actuaciones. Así pues, conviene que el cliente, antes de elegir un traductor jurado concreto, evalúe la relación calidad-precio del servicio que éste le ofrece.