Ocho características importantes que nos podemos encontrar al traducir un documento jurídico

Marta López Molina
el 21 de septiembre, 2020· 5 min

¡Hola, traductores y futuros traductores! Me estreno en este blog para hablar sobre la tan temida traducción jurídica. Si bien es cierto que llevo poquito trabajando como traductora e intérprete jurídica, este tiempo me ha servido para cogerle cariño a este ámbito de traducción, tan a menudo odiado por su complejidad. Pero tranquilos, que en esta entrada me encargaré de que le perdáis el miedo y, quizá, hasta consiga que seamos compañeros en un futuro. ¡Así que empecemos!

Seguro que cuando oís “traducción jurídica” inmediatamente se os viene a la cabeza un juzgado. Efectivamente, la figura del traductor/intérprete es esencial en un juicio, pero la traducción jurídica abarca muchos más aspectos que los meramente legales. Podemos encontrarnos con infinidad de textos más cotidianos: contratos de arrendamiento, contratos de trabajo, instancias, testamentos, sentencias de divorcio, solicitudes de adopción… Como veis, un traductor jurídico tiene un gran nicho de trabajo y no debería limitarse al conocimiento de las leyes, sino que debería ser capaz de dominar también aspectos administrativos si quiere tener más oportunidades laborales.

Llegados a este punto me gustaría aclarar que no hay que confundir “traducción jurídica” con “traducción jurada”; la primera la puede ejercer cualquier persona en posesión de un título universitario en Traducción e Interpretación; la segunda también, pero además deberá aprobar un examen convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación que le acredita como “traductor y/o intérprete jurado”. Abajo os dejo un enlace con más información sobre las convocatorias y requisitos para este examen por parte del Ministerio.

Características lingüísticas

Hablemos ahora un poco de las características del lenguaje que os vais a encontrar en estos textos. Hay muchas, pero solo os voy a destacar las más elementales a tener en cuenta por un traductor:

  • Lenguaje arcaico: a menudo veréis expresiones y palabras ya en desuso (sobre todo en español; en otros idiomas como el inglés, por ejemplo, no suelen hacer uso de arcaísmos). Al principio puede suponeros una dificultad, pero a medida que vayáis traduciendo veréis que muchas construcciones se acaban repitiendo y terminaréis por familiarizaros con ellas. Ejemplos: proveído; incoar un procedimiento.

  • Oraciones subordinadas: debido a la longitud de las oraciones (no os asustéis si entre el comienzo y el final de la frase hay una distancia de más de 5 líneas), se hace imprescindible recurrir al uso de las oraciones subordinadas para recoger todos los matices y precisiones que consideren necesarios para su comprensión. Ejemplos: […] se trata de actividades que, dada su complejidad, requieren la actuación de los mismos.

  • Adverbios acabados en -mente: si bien en el lenguaje coloquial se intentan evitar estos adverbios, en este tipo de textos aparecen con bastante frecuencia. Por un lado, enfatizan la oración en la que aparecen y, por otro, proporcionan una exactitud conceptual a menudo diluida debido al abuso de arcaísmos. Ejemplos: fielmente; efectivamente.

  • Construcciones nominales: si analizamos la oración, vemos que aparecen un gran número de sustantivos y adjetivos en comparación con el número de verbos usados. Ejemplos: En la tramitación de este procedimiento judicial en lugar de la formulación más sencilla al tramitar este procedimiento judicial.

  • Subjuntivo: este rasgo está bastante ligado a los ya mencionados arcaísmos, pues el subjuntivo está prácticamente desaparecido en la lengua estándar. Ejemplos: Si procediere; si hubiere lugar.

  • Oraciones pasivas: esta construcción es más común en el lenguaje cotidiano de idiomas como el inglés, pero en español no solemos hacer uso de las pasivas. Así que, si veis una oración pasiva, probablemente os dé una pista de que os encontráis ante un texto jurídico. Ejemplos: La demanda fue admitida; la causa fue sobreseída.

  • Impersonales (se): el objetivo principal es la despersonalización del texto; es decir, dotar al texto de la mayor objetividad posible. Ejemplos: Con esta ley se pretende […]; Se interpuso una demanda.

  • Siglas y abreviaturas: sobre todo para hacer referencia a organismos e instituciones, leyes y conceptos jurídicos. Las primeras veces pueden suponer un problema, ya que te quedas “atascado” sin saber a qué hacen referencia dichas siglas. Pero una vez que las apuntas en tu glosario, las traducirás sin titubeos en cuanto las veas. Ejemplos: IRPF; BOE.

Podría seguir enumerándoos más características del lenguaje jurídico-administrativo, pero no quiero aburriros. Además, el hecho de que tenga tantos rasgos que lo hacen único es positivo. Me explico: la rigidez del léxico, por ejemplo, hace poco probable la creación de nuevos vocablos, como sucede a menudo en el ámbito científico (en constante evolución). Ello nos permite saber de antemano que este tipo de textos van a ser muy parecidos entre sí, por lo que una vez tengáis ya traducidos unos cuantos textos de índole jurídica, podéis usarlos como plantilla para futuras traducciones, ya que el formato (lenguaje, arcaísmos, vocabulario específico, etcétera) va a ser prácticamente similar.

En definitiva, el sector de la traducción jurídico-administrativa ofrece innumerables salidas profesionales. El hecho de que abarque gran parte de los ámbitos de la sociedad (ya hemos visto que no solo se circunscribe a lo penal, sino que también tiene ramificaciones en el plano civil-administrativo) hace de esta traducción un elemento esencial para el funcionamiento de la sociedad. Por lo tanto, podemos afirmar que la traducción jurídico-administrativa es una fuente inagotable de oportunidades para todas aquellas personas que tengan formación, pero, sobre todo, pasión por esta profesión tan bonita.

Espero que os haya gustado esta entrada sobre este ámbito que, a pesar de ser conocido, no goza de la popularidad que se merece. A continuación, os dejo algunos enlaces que os pueden ser de utilidad, tales como cursos de formación o recursos para encontrar terminología jurídica.

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