¿Qué se necesita para ser traductor/a?

Juan Isidoro Ciruelos Huarte
el 25 de noviembre, 2020· 4 min

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Tal y como hice en el artículo relacionado “Los 10 amores necesarios del traductor autónomo”, me gustaría volver a remarcar aquí que lo primero y principal que necesita el traductor es, en mi humilde opinión, un “amor por las letras”, que puede entenderse en un sentido más restringido, centrado en los idiomas y la lingüística, y en un sentido más amplio, que alcanzaría a toda la cultura escrita. No puedo dejar de insistir en ello porque creo que durante el ejercicio de la profesión tal amor es a menudo la fuente esencial –y a veces, ante determinado tipo de encargos, la única fuente- de satisfacción en el trabajo y por tanto de constancia y eficiencia en su desempeño. El ámbito de la traducción, siguiendo la tónica de la sociedad toda, se ha tecnificado mucho, pero conviene recordar que el necesario manejo de las máquinas (en nuestro sector, las “herramientas TAO”) no puede suplir, al menos por el momento, a la necesaria pasión por el oficio, profesión o, en el mejor de los casos, arte de la traducción.

Conviene recordar también que el oficio, profesión o arte de la traducción no está todavía limitado legal o corporativamente en cuanto al acceso a su ejercicio. Esto es, que cualquier persona puede trabajar como traductor/a. Un ejemplo gráfico de tal desregulación es la traducción literaria: cualquiera puede traducir un libro. ¿Quiere esto decir que cualquier persona puede hacerlo bien? No. ¿Y quiere esto decir que traducir bien es fácil? No. Al contrario, es complejo, y toda formación es poca, pues toda formación es bienvenida para afrontar los múltiples e inmediatos “problemas de traducción” que cualquier persona se encuentra nada más empezar a traducir.

Por un lado, los modernos estudios de Traducción e Interpretación son una escisión necesaria de los clásicos estudios de Filología, donde la formación en traducción e interpretación era como mucho tangencial. Todavía hoy numerosos grados de Lengua y Literatura limitan la formación en traducción e interpretación a una asignatura optativa, lo cual parece a todas luces insuficiente. Sobre todo porque después, una vez salidos al mercado laboral, muchos filólogos o especialistas en lengua y literatura buscan y encuentran en la traducción una forma de ganarse la vida. Por el otro lado, los graduados en Traducción e Interpretación cuentan con una óptima formación idiomática, pero en cambio su formación lingüística y literaria es más discreta que la de los filólogos. Afortunadamente, tanto los unos como los otros pueden optar por cursar estudios de máster que cubran dichas carencias, e incluso pueden hacer un segundo grado, lo cual no es desde luego una solución insospechada para un “amante de las letras”. En este sentido, las buenas universidades en línea -tanto españolas como extranjeras- ofrecen magníficas oportunidades académicas, concebidas además para facilitar lo máximo posible la conciliación entre estudio, trabajo y familia. Finalmente, conviene destacar que el ámbito de la comunicación en sus diversas ramas (mediática, corporativa, institucional...) representa en la actualidad una floreciente salida laboral para los traductores y lingüistas, por lo que los másteres y grados en Comunicación despiertan un interés creciente. De hecho, cada vez son más las universidades que imparten dobles grados en Traducción y Comunicación. Además, fuera del espacio universitario, o complementariamente a él, los traductores pueden adquirir formación jurídica, económica, informática o comunicativa mediante los cursos de especialización que ofrecen las academias privadas o las asociaciones de traductores. Se trata de cursos cuyos contenidos suelen ser más específicos que los universitarios, por lo que resultan particularmente adecuados para aprender a resolver problemas de traducción ligados al ejercicio concreto de la profesión por parte de cada traductor.

Precisamente, en cuanto al acceso al ejercicio de la profesión, la mencionada tecnificación del ámbito de la traducción ha ampliado el repertorio de medios disponibles para captar la atención de los empleadores o para ofrecer al mercado la propia capacidad de trabajo. Las redes sociales profesionales, ya sean más generales como LinkedIn, o más sectoriales como ProZ, dan visibilidad al traductor novel e informan de las nuevas ofertas de trabajo. Asimismo, las redes sociales más populares permiten también entrar en contacto con colegas de profesión de una forma más distendida y cercana. Son mayoría los traductores que tienen un perfil activo en ellas, sobre todo en Twitter.